Por qué empecé a destrozar zapatillas con unas tijeras
Publicado en1 Mes hace
por
@antonio.caballo
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Cogía unas tijeras y destrozaba las zapatillas.
Literal.
Y no era por aburrimiento.
Pensaba que estaba entrando en el barefoot para correr mejor.
Pero me explotó en la cara otra cosa mucho más grande.
No cambié solo mi forma de correr.
Cambié la forma en la que veía un zapato.
Y eso fue más importante.
Verás.
Hace años, cuando todo esto empezó, el debate era simple.
Minimalismo o amortiguación.
No había más.
Yo estaba metido en eso.
Probando.
Experimentando.
Equivocándome.
Y mientras se discutía en foros.
Cogía las zapatillas.
Y las cortaba.
Les quitaba parte de la suela.
Eliminaba lo que estorbaba.
Todo lo que no aportaba fuera.
Quería dejar lo mínimo.
Menos amortiguación.
Menos tecnología.
Menos ayuda.
Y ahí empezó la guerra.
Yo lo veía claro.
O usaba mi cuerpo…
o dejaba que la zapatilla decidiera por mí.
Y aquí viene lo importante.
No era solo la amortiguación.
Ese era el titular, pero no la historia completa.
Había más.
La elevación del talón.
La rigidez.
Los sistemas de estabilidad.
El control de pronación.
Todo eso iba sumando capas.
Capas que te separaban de lo que estaba pasando debajo.
Y algo más que casi nadie miraba.
La anchura.
El espacio para los dedos.
Y aquí está el punto que casi nadie quiere ver.
Puedes quitar amortiguación.
Puedes hacer la suela más fina.
Pero si los dedos siguen apretados…
no has entendido nada.
Y aún así, nadie hablaba de eso.
De hecho, llegaron a sacar un índice minimalista para clasificar las zapatillas.
Un numerito.
Y no incluía la anchura.
Inexplicable.
Con el tiempo, todo esto ha cambiado.
La amortiguación ha dejado de venderse como salud.
Y se vende como rendimiento.
Zapatillas con placas de carbono.
Suelas enormes.
Promesas de ir más rápido.
De rascar unos segundos al reloj.
Y eso engancha.
Porque es más fácil correr para el reloj,
que escuchar lo que te está diciendo el cuerpo.
Porque toca algo muy básico.
El ego.
La sensación de mejorar, de ser más rápido, más eficiente, más “pro”.
Y contra eso es difícil competir.
No digo que esté mal.
Cada uno hace lo que quiere.
Pero yo salí de ahí.
Porque cuando dejas de correr contra el reloj…
empiezas a notar otras cosas.
Cómo apoyas.
Cómo respiras.
Cómo el pie trabaja de verdad.
Y ahí ya no hay vuelta atrás.
Porque correr deja de ser una lucha.
Y pasa a ser algo mucho más simple.
Más natural.
Más tuyo.
Porque ya no dependes de la zapatilla.
Dependes de ti.
Bien.
Si te gusta correr así.
Si quieres sentir el suelo.
Si quieres que el trabajo lo haga tu cuerpo y no una espuma.
El minimalismo es lo tuyo.
El barefoot es lo tuyo.
Y si tuviera que elegir unas zapatillas ahora mismo, no lo dudaría.
Me iría a los que llevan años haciendo esto bien.
Son las que uso cuando quiero olvidarme de las zapatillas
y centrarme en correr.
Vivobarefoot y Merrell.
Y una cosa más.
Las puedes usar hasta que veas el suelo a través de la suela.
Para asfalto y caminos:
- Vivobarefoot Primus Flow
- Merrell Vapor Glove 7
Efectiviwonder.
La salud empieza en tus pies.
Antonio Caballo.
Pd.
Para montaña y trail.
- Vivobarefoot Primus Flow Trail
- Merrell Trail Glove 8