¿Botas o zapatillas para el Camino de Santiago? Estás haciendo mal la pregunta
Te voy a contar qué calzado elegir para hacer el Camino de Santiago teniendo en cuenta algo más importante que la marca, el precio o que ponga “trekking” en la caja: el terreno que vas a pisar. No es lo mismo caminar 25 kilómetros por pistas de tierra compacta que hacerlo entre piedras, barro y bajadas técnicas.
El mito de las botas en el Camino
Cada año, cuando se acerca esta época, recibimos la misma pregunta: —Antonio, ¿qué botas me compro para hacer el Camino? Y muchas veces empezaría con otra pregunta: ¿Por qué botas?
En 2006 hice los últimos 100 kilómetros desde Sarria con Rubén. Yo fui con zapatillas; Rubén, con botas. El primer día acabó entrando en una tienda para comprarse unas zapatillas de senderismo porque los pies no podían más. Las botas terminaron en la basura.
Pero eso no significa que una bota sea mala. Significa que más protección no siempre es mejor.
Para la mayoría del Camino, yo elegiría zapatillas
Si vas por pistas forestales, caminos compactos, asfalto y senderos sencillos, una zapatilla de trail barefoot suele tener todo lo que necesitas: menos peso, menos material alrededor del pie, más transpirabilidad y más libertad para el tobillo. Y después de 20, 25 o 30 kilómetros, mover menos peso miles y miles de veces se agradece.
Cucha: no vas a escalar el K2. Vas a caminar, la mayoría del tiempo por un terreno poco técnico. Te basta con una zapatilla barefoot de trail con una suela con tacos, que te dé agarre sin convertir cada pie en un ladrillo.
¿Y si hay muchas piedras?
Aquí cambia la película. Cuanto más roto, pedregoso e irregular sea el terreno, más importante se vuelve el grosor y el diseño de la suela. No porque tengas que dejar de sentir el suelo, sino porque hacer 200 metros sobre piedras no es lo mismo que hacer 8 kilómetros.
Una suela muy fina que resulta una maravilla en tierra compacta puede acabar cansándote cuando cada apoyo tiene una piedra esperando debajo. El terreno manda. En estas zonas de roca o terreno muy irregular, mejor una zapatilla barefoot con más protección y buen taco.
¿Cuándo elegiría una bota?
Con barro abundante, lluvia, frío, terreno complicado o cuando tú sencillamente te encuentres más seguro con ella. También existen soluciones intermedias: calzado que cubre más el pie y el tobillo, pero mantiene la sensación de ligereza y movilidad de unas zapatillas.
Esto no va de decir: zapatilla buena, bota mala. Cada Camino es diferente, y cada persona también.
Y falta algo todavía más importante
¡No estrenes el calzado el primer día! Pardiez. Pruébalo antes: haz kilómetros, pisa tierra, piedras, sube, baja y haz alguna salida larga con la mochila que llevarás. Porque puedes comprarte el mejor calzado del mundo y convertirlo en el peor si tus pies no están preparados para utilizarlo.
¿Qué calzado elegir para el Camino de Santiago?
Para hacerlo más fácil, te dejo unas tablas. No las mires pensando cuál es mejor: míralas pensando qué terreno vas a pisar durante más horas.
Zapatillas: mi primera opción para la mayoría
Si haces el Camino en primavera o verano y la mayoría son pistas, caminos de tierra y senderos sin demasiada complicación, elegiría unas zapatillas: menos peso, más ventilación, y si un día se mojan, normalmente secarán antes.
Media caña: el punto intermedio
Esta categoría es para quien quiere algo más protegido que una zapatilla, pero no quiere llevar una bota tradicional. Ahí tienes las Vivobarefoot Magna, las Xero y las Groundies de media caña: cubren más el pie, evitan que entre tanta suciedad y ofrecen más protección, pero mantienen mucha más movilidad que una bota tradicional. Para determinados Caminos pueden ser el punto dulce.
Botas: cuando el terreno y el tiempo se ponen feos
¿Ves ahora por qué preguntarme simplemente si para el Camino son mejores unas botas o unas zapatillas sirve de poco? Si vas a hacer 25 kilómetros con calor por una pista de tierra compacta, yo no cargaría con una bota: más peso, más calor, menos transpiración. Pero si vas a encontrarte barro, piedras, fuertes desniveles y terreno complicado… la película cambia.
Y ojo con otra cosa: más grosor tampoco significa automáticamente mejor. Cuanto más fina sea la suela, más información recibirá tu pie del terreno. Cuanto más pedregoso sea el camino y menos adaptado estés, más puedes agradecer unos milímetros adicionales que filtren las piedras.
Ese equilibrio entre sensibilidad y protección es mucho más importante que buscar “la mejor zapatilla para el Camino de Santiago”. Porque no existe: existe la mejor para tu Camino. Esto es así.
Efectiviwonder.
La salud empieza en tus pies.
— Antonio Caballo